Cuarta entrega
Apoyando las rodillas en la arena, con la espalda erguida y el capote sujeto con ambas manos, esperó la salida del astado. En segundos, un cardeno se precipitó hacia las ondas de tela apenas despegada del hombre.
Con un leve cabeceo el novillo intentó alcanzar su objetivo, precipitándose a continuar su recorrido, para luego repetir el ataque. Llenando sus pulmones y batiendo su pata derecha, emitió un bufido y se dirigió nuevamente hacia el hombre, que sin moverse balanceó en un vaivén el capote, para retomar el encuentro con un par de verónicas hasta llegar al caballo.
El puyazo, aplaudido por el respetable, fue seguido por la tanda de banderillas. Era un excelente ejemplar, brillante y noble, bien puesto, con el pitón izquierdo ligeramente tocado y con un pequeño lucero en la frente.
Con la entrega, fortaleza y madurez de un toro adulto, el novillo recorrió el ruedo con cada cite de muleta, metiendo suavemente la cabeza hasta completar su trayectoria. No dudaba ni husmeaba buscando al hombre, y aún con el agotamiento se mostraba tan embelezado como el torero.
Cambió el ayudado por la espada y se entregó frontalmente. Fue su primer estoque perfecto, que lo llevaría a multiplicar infinidad de tardes de éxito hasta conseguir su pase a los sanfermínes.
1 comentario:
Vale!
salud!
Publicar un comentario